Estados Unidos a los 250 años: por qué la próxima ola de innovación se forjará más allá de las fronteras
Ahora que Estados Unidos se acerca a su 250.º aniversario, conviene reflexionar sobre una de las ventajas competitivas que definen al país: su compromiso de larga data con la colaboración transfronteriza. La próxima ola de innovación se está gestando cada vez más a través de las fronteras, especialmente entre Estados Unidos y América Latina. Los inversores de capital riesgo, los compradores estratégicos y las empresas tecnológicas ya no ven a América Latina únicamente como un mercado emergente, sino como una fuente creciente de fundadores con gran experiencia, empresas tecnológicas escalables, talento en ingeniería e innovación específica para cada sector.
El corredor de innovación entre Estados Unidos y América Latina se ha consolidado considerablemente durante la última década. El panorama de las startups en América Latina ha madurado rápidamente, y muchas de estas empresas están resolviendo problemas complejos en sectores en los que la región tiene necesidades específicas, como los servicios financieros, la logística, las infraestructuras, la agricultura, la energía y la resiliencia climática.
Al mismo tiempo, los inversores estadounidenses han comenzado a mirar más allá de nuestros centros de capital riesgo nacionales en busca de oportunidades de crecimiento, innovación a menor coste y acceso a mercados desatendidos. Aunque Silicon Valley sigue siendo el centro mundial del capital riesgo, los inversores se están dando cuenta de que algunas de las oportunidades más interesantes pueden surgir de los fundadores que crean productos para grandes poblaciones que, históricamente, han carecido de acceso a los sistemas financieros tradicionales, a la infraestructura sanitaria o a la tecnología empresarial.
El auge de las fintech en América Latina es uno de los ejemplos más claros de ello. La población de América Latina, históricamente desatendida por el sistema bancario, ha creado un terreno fértil para la banca digital, las finanzas integradas, las plataformas de pago y los modelos de crédito alternativos. Muchas de las principales empresas fintech de la región han generado innovaciones que atraen cada vez más capital estadounidense e interés estratégico. Dado que los marcos normativos siguen evolucionando en toda la región, es probable que la actividad de inversión transfronteriza en el sector fintech se mantenga sólida.
La inteligencia artificial (IA) también está creando un importante campo de oportunidades en la región. Las startups latinoamericanas están utilizando la IA para abordar ineficiencias operativas específicas de la región en ámbitos como la logística, la atención al cliente, el acceso a la asistencia sanitaria, la agricultura y la inclusión financiera. Los inversores estadounidenses están prestando atención no solo por el potencial del mercado, sino también porque muchas de estas empresas están desarrollando aplicaciones de IA prácticas y comercialmente viables, en lugar de tecnologías puramente experimentales.
Las inversiones en tecnología climática e infraestructuras también están impulsando nuevas relaciones transfronterizas. América Latina cuenta con importantes recursos naturales fundamentales para la transición energética mundial, como el litio, el cobre y la capacidad de generación de energía renovable. Al mismo tiempo, la región se enfrenta a importantes necesidades de modernización de infraestructuras en los ámbitos de los sistemas eléctricos, el transporte, la gestión del agua y la conectividad digital. Los inversores estadounidenses, los fondos de infraestructuras y los compradores estratégicos consideran a América Latina tanto un mercado en crecimiento como un componente esencial de las estrategias globales a largo plazo en materia de cadenas de suministro y transición energética.
Las transacciones transfronterizas actuales suelen implicar cuestiones normativas que abarcan múltiples jurisdicciones, el control de la inversión extranjera, la protección de datos, los controles a la exportación, la estructuración fiscal, la protección de la propiedad intelectual, la legislación laboral y unas expectativas sofisticadas en materia de gobernanza. Debido a esta complejidad, los compradores estratégicos y las sociedades de capital riesgo están abordando las operaciones transfronterizas con mayor rigor en lo que respecta a la diligencia debida y la integración. Se está prestando mayor atención a la gobernanza, la infraestructura de cumplimiento normativo, la ciberseguridad, la exposición a riesgos relacionados con la inteligencia artificial y la resiliencia normativa a largo plazo.
Es importante destacar que este momento no se reduce simplemente a un flujo de capital de Estados Unidos hacia América Latina. La innovación en sí misma está adquiriendo un carácter cada vez más disperso geográficamente, las redes de talento son globales, los equipos de ingeniería están descentralizados y los fundadores crean empresas con una base de clientes internacional desde el primer momento. Las empresas más exitosas suelen ser aquellas capaces de operar con fluidez en distintos mercados, sistemas jurídicos y culturas.
Esa realidad adquiere un significado más amplio ahora que Estados Unidos se acerca a su250.º aniversario. La fortaleza económica del país nunca ha dependido únicamente de la innovación nacional de forma aislada. Ha dependido de la capacidad de Estados Unidos para actuar como plataforma en la que convergen el talento, la inversión y el espíritu emprendedor a nivel mundial. Es probable que el próximo capítulo de la innovación estadounidense no sea diferente.